
La evolución de la anestesia, máxima seguridad en quirófano
Esta compleja especialidad médica ha impulsado el avance de la cirugía
GUADALAJARA
Orla Racionero Anido
Aunque parece ser que ya Dioscórides usó por primera vez el término “anestesia” para describir los efectos narcóticos de la Mandrágora, la anestesia se define en la actualidad como “el estado similar al sueño que permite la práctica de la cirugía indolora“, según definición propuesta por el doctor Oliver Wendell Holmes en 1846.
Siendo una de las especialidades médicas más compleja, parte de una base científica al tiempo que aúna un alto grado de ciencia y arte y requiere una familiaridad con las otras especialidades médicas, además de elevados conocimientos de cirugía y sus subespecialidades, medicina interna, pediatría y obstetricia, así como de farmacología clínica, fisiología aplicada y tecnología biomédica. Todo esto ha derivado en una rápida evolución de la especialidad con el consiguiente avance de la cirugía.
Hoy ya no se plantean problemas de tiempo o dificultad en una cirugía, porque a la cabecera de la mesa de quirófano existe un especialista en anestesiología que vela por la seguridad y la ausencia de dolor en cualquier intervención por compleja y larga que ésta pueda ser. Estamos acostumbrados a recibir noticias de trasplantes de 22 horas con resultados realmente espectaculares.
Aplicaciones diversas
La especialidad de anestesiología, reanimación y control del dolor se ocupa no solo de volver al paciente insensible a cualquier molestia en los procedimientos quirúrgicos, obstétricos, terapéuticos y diag- nósticos manteniendo al paciente sedado, dormido o con la técnica de anestesia regional más idónea. Asimismo, se ocupa de la preparación preoperatoria de los pacientes con una especial patología, instau- rando los tratamientos que sean precisos para llevar al paciente al quirófano en las mejores condiciones posibles. Entre otros, se ocupa de diagnosticar y tratar síndromes dolorosos, tratados con fármacos o mediante bloqueos nerviosos; de la reanimación cardiopulmonar, de los cuidados críticos postoperatorios mediante unidades de reanimación y, por supuesto, de la investigación y los avances necesarios para mejorar el cuidado de los pacientes respecto a sus funciones fisiológicas y su respuesta a los fármacos.
En resumen, debemos decir que el descubrimiento de la anestesia quirúrgica es uno de los grandes avances de la historia de la humanidad. ¿Por qué entonces la frase más frecuente que formula un enfermo es: “Yo a lo que tengo miedo es a la anestesia”?
La anestesia es una especialidad muy segura. Qué duda cabe que, como en cualquier actividad diaria que realicemos por muy inocua que parezca, nos sometemos a un riesgo. Nadie se plantea no cruzar la calle porque te puedan atropellar; e incluso se hace sin pensar y a veces faltando a las más elementales reglas de la prudencia.
Sin embargo, cuando nos vamos a someter a una intervención quirúrgica surgen miedos atávicos derivados de los tiempos antiguos en que obviamente se producían accidentes debidos a que era una ciencia joven en la que se iban introduciendo técnicas y probando fármacos y nuevos agentes, a veces con efectos adversos, realizada por personas que no estaban entrenadas específicamente para esa función. También se trata del miedo a perder el control sobre nuestros propios actos.
Confiar en el profesional
La pérdida de la consciencia lleva implicado el temor a que alguien pueda conocer nuestros pensamientos y secretos más íntimos, a que podamos sentir dolor, a no volver a despertar. Por lo tanto, debemos confiar en los profesionales: informarnos y preguntarles todas aquellas dudas que nos asalten sobre las técnicas y los procedimientos que se van a realizar, ya sea una sedación, una técnica general, locoregional o cualquier otra que sea necesaria para hacer más satisfactoria y segura nuestra estancia en el quirófano, sin dejarnos mediatizar por historias que nada tienen que ver con la realidad. Se ha dicho que el cincuenta por ciento de la curación reside en la confianza que tengamos en nuestro médico, por lo tanto no nos neguemos esa ayuda comple- mentaria de nuestra curación y entremos en el quirófano confiando en el profesional que va a velar por nuestra vida durante el acto quirúrgico y nos va a mantener tranquilos o dormidos y sin dolor. Lo va a hacer con toda su dedicación y entrega, como si fuese su propia vida.









