
Una prueba de diagnóstico celular de los nódulos tiroideos reduce el número de intervenciones
Los médicos del Hospital Virgen de la Paloma de Madrid están especializados en esta técnica GUADALAJARADoctor Antonio González GArzón
La mayor parte de los pacientes que notan la aparición de un bulto en el cuello se sorprenden porque habitualmente no les produce ninguna molestia y, sin embargo, tras la consulta médica y una serie de pruebas (análisis de sangre con hormonas, ecografías, punciones, gammagrafías), a gran parte de ellos se les aconseja su paso por un quirófano.
En general, un “nódulo tiroideo” es aquella formación cuyo tamaño está considera suficientemente palpable por manos expertas. Las cuatro posibilidades diagnósticas ante este tipo de nódulos se reparten de la siguiente forma: el 60% se debe a una hiperplasia nodular (crecimiento del tejido tiroideo en forma de nódulo), el 20% a adenomas foliculares (tumores glandulares benignos), el 15% deriva en un cáncer de tiroides y el 5% se trata de tiroiditis (inflamaciones diversas del tiroides).
En el aspecto estadístico, una de cada 15 mujeres y uno de cada 50 hombres presentan un nódulo tiroideo (aproximadamente un 4% de la población general con mayor prevalencia del sexo femenino). Más del 90% de los nódulos tiroideos son benignos.
Síntomas
En primer lugar, debemos tener en cuenta todo aquello que nos pueden hacer dudar de la inocencia de un nódulo tiroideo. La aparición de síntomas compresivos de la tráquea con la consecuente dificultad para respirar), del nervio que mueve las cuerdas vocales (afonías y disfonías), del esófago con dificultad para deglutir y de los plexos venosos del cuello con circulación anormal, son por sí mismos circunstancias suficientes para aconsejar cirugía.
Asimismo, el especialista puede recomendar la cirugía cuando un nódulo tiroideo altere la secreción de hormonas por el conjunto de la glándula, aunque frecuentemente se suele evitar con medicación.
Muestra microscópica
Los profesionales del Hospital Virgen de la Paloma de Madrid realizan, además, una prueba que sirve para diagnosticar y valorar el riesgo de malignidad: una punción-aspiración con aguja fina (PAAF) que permite extraer una muestra de las células para su estudio en el microscopio. Gracias a esta prueba se reduce el número de intervenciones innecesarias.
Aproximadamente, un 10% de las punciones son informadas como citología sospechosa. En estos casos, los especialistas recomiendan la cirugía ya que la cuarta parte de estos casos resulta ser una neoplasia maligna.
Una ecografía permite la medición y valoración en el tiempo –y por tanto su evolución– de los nódulos tiroideos, define fácilmente si el nódulo es líquido (quístico) o sólido, puede detectar el tumor original cuando lo primero que se perciben son metástasis, guía a la PAAF en las punciones difíciles, permite la vigilancia de quistes que se han vaciado y detecta la presencia de adenopatías (ganglios linfáticos cervicales).
Por su parte, la gammagrafía, que hace 20 años constituía la prueba de referencia para el nódulo tiroideo, hoy ha perdido vigencia por varios factores: su alto coste, por lo que supone de introducir en el organismo sustancias radioactivas, y porque ayuda poco en la diferenciación maligno-benigno. Se reserva para aquellos casos en “que” tras el estudio habitual de la función tiroidea, de los anticuerpos antitiroideos y la PAAF, existen dudas sobre una posible hiperfunción o una tiroiditis.
En un resumen final, podríamos afirmar –con los conocimientos del momento actual– que son indicación para la cirugía los pacientes que tienen nódulos con patología sospechosa o diagnóstica de malignidad, los que tienen una citología por PAAF de patrón folicular altamente celular, los nódulos con células de Hürtle, los quistes que se han vaciado por punción y han vuelto a rellenarse, los crecimientos rápidos del tiroides (aunque tengan un aspecto inocente), cualquier nódulo benigno por PAAF pero que tenga alguno de los factores de riesgo antes referidos y, por último, los nódulos benignos que provocan efectos compresivos o deformidades estéticas.









